jueves, 11 de agosto de 2022

Limbo 1.3

Urano era un planeta enteramente húmedo. El rugido del mar era casi ensordecedor, y apenas aplacado por el sonido de una lluvia que caía incesante sobre las aguas inquietas. Todo el cielo estaba gris, encapotado y con aspecto temible, mientras que las olas golpeaban furiosas las impenetrables paredes de acero de aquella instalación cercana a la base de Stephano.

La nave quedó suspendida en el aire a algunos metros sobre el suelo metálico, invisible e indetectable al ojo y a la mayoría de los sistemas de rastreo conocidos a la fecha. La dejó alejada de la entrada del recinto al cual había sido enviado, a solo unos minutos de carrera. Se acercó sin prisa y atento a todo alrededor; la precaución era una de sus máximas desde siempre. Divisó al primer soldado haciendo su ronda, con su Grakata en ambas manos, la cabeza yendo de derecha a izquierda y los ojos atentos.

"Las armas de los Grineer son tan ruidosas..." Pensó él con desazón. Tenían otras cosas en contra que, a su gusto personal, lo llevaban a usarlas en muy raras ocasiones. Prefería las de los Corpus.

Se aseguró de que no hubiera nadie más alrededor, tensó la cuerda y apuntó al brazo derecho, cuya mano estaba sobre el gatillo. La flecha dio certera y la Grakata cayó con un golpe metálico al piso, mientras el soldado soltaba un rugido de dolor y caía sobre sus rodillas, con su otra mano en el brazo herido. Limbo llegó de dos saltos sobre él, lo golpeó en la cabeza con el extremo del arma y el sujeto cayó noqueado al suelo mojado. El Warframe lo levantó con cierto esfuerzo y lo dejó fuera de la vista, volviendo a inspeccionar que no hubiese habido testigos: pudo haberlo atravesado de lado a lado con su Destreza o haber traspasado su cabeza de un flechazo, pero a Limbo no le gustaba matar. No es que tampoco tuviera un aprecio exagerado hacia la vida, como su caído compañero Oberon; simplemente prefería evitar matar si le era posible, incluso negociar siempre era una opción. Debido a esta postura suya, se había visto obligado a refinar en extremo su puntería para inmovilizar, noquear y desarmar a sus oponentes sin necesidad de quitarles la vida. Si no era factible o la situación lo requería, debía hacer uso de algo más de rudeza.

Se deshizo de igual manera de los dos siguientes guardias que encontró de camino hacia la entrada. Una vez allí, tomó control de una consola de seguridad y se conectó a la red con su parazon. La parte robótica de su cerebro se encargó de revisar los códigos necesarios para abrir la puerta principal, mientras su parazon iba desmantelando los engranajes numéricos de la seguridad. La red neuronal unida a los circuitos del aparato alteraron su fisionomía, dejándolo completamente traslúcido al finalizar el hackeo, pocos segundos después.

“Vamos allá” se dijo triunfante y desconectándose. La puerta se levantó con un chirrido y él ingresó ahora con algo más de prisa. Su sistema le mantendría invisible por espacio de poco más de un minuto, por lo que debía acercarse tanto como fuera posible a la sala de investigación. Esquivó con cuidado a los varios Grineer que encontró dispersos en el camino, todos ellos ocupados en distintas cosas: llevando carros cargados de material, transportando armas o equipo, mucho de éste para trabajo bajo el agua. Algunos estaban de guardia y otros, sin armadura y con un equipo más liviano, trabajaban en computadoras. Estos últimos eran los menos frecuentes.

Cuando su cuerpo empezó a ser visible nuevamente, se apresuró a ocultarse tras grandes cajas con cargamento y el representativo logo del imperio Grineer en el costado. Desgraciadamente no contaba con un mapa del área en la cual se encontraba y establecer comunicación con Lotus era muy arriesgado, así que debía avanzar a ciegas. Pero Limbo tenía muy buena intuición y avanzaba a paso seguro hacia donde presentía, podría acceder a la red de investigación de los Grineer con algo más de tranquilidad.

Después de esperar a un par de soldados que pasaron lentamente conversando por el pasillo de en frente, el mago se deslizó sigiloso al interior y encontró lo que buscaba: una gran terminal con montones de pantallas que procesaban datos, y dos Grineer sin armadura y equipo liviano trabajando frente a ellas.  Calculó rápidamente lo que debía hacer: solo contaba con pocos minutos antes de que algún otro guardia pasara haciendo su ronda y lo descubriera; él debía obtener suficientes datos para entonces y ver su escape. De un rápido movimiento cogió a uno de los Grineer por el brazo, sorprendiendolo. Alcanzó a soltar una exclamación en lo que Limbo lo arrojó contra el segundo, los los envío a la grieta antes de que tocaran el suelo, y a un chasquido de sus dedos, ambos quedaron inmovilizados cayendo al suelo. Todo se hizo con el mínimo de ruido y violencia.

—Si me disculpan, señores,— dijo el Warframe, feliz de su rápida jugada— tengo que llevarme cierta información de aquí. Prometo no dañar nada.

Ellos no podían oírle. Limbo abrió un puerto de entrada y se conectó. La red detectó la instrusión, pero su programa trabajó rápidamente para frenar el envío de la alarma al resto de las terminales. Siempre era igual, fue por eso que no se esperó que un programa de diferente manufactura detectara su ingreso al sistema y diera aviso en la red de Titania.

—Alguien intenta entrar a nuestra red— avisó uno de los Grineer asistente, viendo el aviso en la pantalla.

— ¿Alad V de nuevo? — preguntó el científico atrás con cierta sorna, sin dejar de trabajar— Ya sería la tercera vez esta semana.

—No, señor. El cache es de una fuente diferente.

El otro se volteó con extrañeza y se acercó a observar. Leyó los códigos y supo reconocer la fuente.

—Un Tenno — dijo con frialdad—. Lotus ha decidido meter sus narices también.

—Avisaré ahora a la central en Stephano...

—No. Déjalo — replicó su superior, confundiendo al más bajo—. Estaba esperando que esa medusa viscosa de Alad V lograra acceder a nuestra red primero, pero el muy incompetente se ha dejado sobrepasar por Lotus. Tanto mejor para nosotros — dejó salir con satisfacción.

Se apartó y regresó a su mesa de trabajo, riendo para sus adentros. Por su lado y terminando de copiar una gran cantidad de datos a su archivo local, Limbo se vio obligado a desconectarse en cuanto recibió un disparo en su hombro, cuya bala rebotó en una pantalla cercana, destruyéndola.

— ¡Intruso! — rugió la mujer Grineer, apuntándolo al pecho y soltando un segundo tiro.

El Warframe se movió a un lado eludiendo el disparo. Luego se llevó una mano al sombrero de copa, sin molestarse en eludir el resto de balas que ella y los demás soldados que llegaron en breve le soltaron; éstas simplemente no lo alcanzaban, lo que los confundió.

—Bueno, señores; me veo obligado a retirarme. Disculpen la instrusión — pidió amablemente, antes de lanzarse hacia adelante y pasar a través de todos ellos como un fantasma.

Los Grineer siguieron disparando inútilmente, mientras uno de ellos se apresuraba a tirar  la alarma. En breve, toda la instalación trataba en vano de detener al intruso, quien sin haber provocado ni una sola baja en el enemigo, logró llevarse la información que les serviría para empezar a trabajar. Lo que no imaginaban era que, gracias a la intervención de ese día, ahora Tyl Regor también tendría con qué mantenerse ocupado.

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